El pirata tiene dos primos y un tercero en camino, estaba deseando hablaros de ellos. No dejo de pensar en unos nombres blogeros dignos, acorde con sus personalidades. Las mayores aficiones del primo mayor son, los coches de carreras, los guaguaus y los caballos y las del peque son, escurrirse de los brazos con la agilidad de una anguila o la contundencia de un orangután y quitarse el chupete para evitar en la medida de lo posible dormirse la siesta (quien quiere dormir siesta con todo un mundo nuevo a su alrededor…).

El primo mayor es el que mas cuenta se da de todo, es nuestro pequeño príncipe destronado, tres añitos solo, recibiendo todas las atenciones y que de repente venga otro hermano a eclipsarte no ha de ser fácil para nadie. Encima la noticia de que llega el pirata a robarle a su tío…el papi novato y el son uña y carne, se quieren con locura. Y ahora van sus padres y encargan el tercero… El pobre ya no sabe donde meterse con tanto niño nuevo (ademas de mas primos nuevos que tiene por la otra rama de su familia).

Así que entre medias de tanto alboroto y confusión, el va forjando sus propias ideas acerca de los bebes y el proceso de la maternidad. Y en una de estas me vi yo hace poco, creo que suspendiendo totalmente como futura madre en explicaciones didácticas para niños… Como lo mio es la literatura fantástica salí del paso con una historia surrealista que dejo al peque muy convencido.

Todo comenzó en una de las ultimas visitas, cuando salio corriendo a saludarnos como de costumbre y en vez de venir hacia nosotros corrió al coche a buscar al bebe en la sillita, como las lunas de atrás son tintadas agarro a su tío de la mano para que abriera el coche y ver al bebe, primer chasco para el pobre. Le dijimos que aun estaba en la tripa y nos dijo que el bebe era tonto (no le faltaba razón, ¿Para que esperar en la tripa, pudiendo salir ya a jugar con el) cuando le fui a coger para darle un beso me echo la bronca por si hacia daño al bebe, tras regañarme muy enérgicamente comenzó un ritual de subirme y bajarme la camiseta, quitar y poner el elástico del pantalón de premamá, mirar y remirar la tripa, para acabar ordenándome, ¡Ela dile que salga! (para el, nosotros somos Ela y Abeto).

Cuando le dije que el bebe no podía salir aun, me respondió, “pues sácale tu”, obvio… Que cosas tengo… Tras pasar por mi mente una imagen realista del asunto, digna de peli de terror, solo se me ocurrió decirle, “no puedo” (que ingeniosa…) y el, que a la vista esta que es mil veces mas resolutivo que yo, me pregunto si había un tapón, poniéndome en bandeja mi respuesta.

Conclusión, la gran respuesta a la pregunta de la vida según yo misma, es que hay un tapón en la tripa, casualmente ubicado en el ombligo que solo se puede abrir desde dentro, los bebes se tienen que hacer grandes y fuertes en la tripa para poder propinarle al tapón una patada y poder salir y el pirata aun no tenia fuerza para eso por que era pequeño… Así que cuando empezó a arquear una ceja cual Carlos Sobera, salí corriendo de allí antes de que me preguntara como el pirata había llegado ahi dentro…

Así que chic@s, ¡Prueba superada!. He sucumbido a un duelo de obviedades con un niño de tres años y medio y para finalizar he salido huyendo de allí. Vosotras que diríais, ¿Esto me abala como buena futura madre o le paso las funciones intelectuales al papi novato? Al fin y al cabo el fue quien se quedo allí para solucionar el asunto…