Es increíble como puedes pasarte el primer trimestre de tu primer embarazo, leyendo acerca del aborto, que si este dolor que tengo puede ser un indicio, que pasa con un sangrado… Y lo poquísimo preparada que estas para lo que ocurre después de uno, pareciera un miedo que te concedes, pero que es lejano y no va a suceder.

Si lo esperas poco con el primero, a pesar de que la estadística no es precisamente baja, ya no os cuento con el segundo, ya has sido madre, tienes certeza (o eso crees) de que tu aparato reproductor funciona, esta activado, ¿Que puede salir mal? Pues todo. Y descubres que ocurre después de un aborto (y después de 3…).

La primera vez, para la que menos estas preparada:

En casa teníamos muy claro que queríamos repetir pronto. Cada uno toma sus decisiones en la vida, que se cumplan es otra historia. Pero esa era nuestra elección, queríamos ser padres de nuevo pronto. Así que, cuando nueve meses después del parto de pirata, un mes después de la primera regla, casi me caigo redonda en la cocina del mareo, solo pude ir corriendo a buscar un test de embarazo con todas mis esperanzas puestas en que sería positivo y así fue. Fuimos a la primera eco en la semana ocho y todo estaba perfecto. Un poco más pequeño de lo que debería, pero con el desajuste que tenia… Solo me vino una regla desde el parto hasta el segundo embarazo y que no tenía muy claro cuál fue el momento de la concepción. Además del margen de error de las mediciones en las ecografías, todo parecía justificado y nosotros estábamos felices.

Escribí un post dando la noticia, que algunas recordaréis. A los tres días empecé a manchar, nada, un hilo, pero ya sabéis lo hipocondríacas que somos las embarazadas. Así que fui directa a urgencias, allí en la exploración me dijeron que no había sangre, pero que ya que estaba allí me harían una eco. Al momento le cambió la cara a la tocóloga, creo que por una mezcla de culpabilidad de haberme insinuado que no tenia motivo para ir a urgencias y por lo que me tendría que decir a continuación. Pero yo ya lo sabia antes de verle la cara, porque no me había puesto el latido, porque la veía buscar y buscar y mirar y porque yo también miraba y no veía esos pequeños parpadeos de blanco a negro, que por experiencia sabía que eran los latidos del corazón.

Así que allí estábamos el padre y yo, sin entender muy bien que estaba pasando y teniendo que decidir entre un legrado, o el Misoprostol (prometo hablaros de esto detenidamente, pero este post no es para eso). Me hicieron las analíticas correspondientes y aunque no es muy ortodoxo, nos fuimos a casa y volvimos una hora después. Tampoco nos habían llamado, así que agradecí no pasar ese tiempo en la sala de espera de paritorio, podéis imaginaros por qué.

Cuando me toco decidir como hacerlo, aun no sabia ni de que me estaban hablando. Yo abanderada de que los médicos debían dejar a la mujer tomar sus propias decisiones, estuve tentada de pedirles que me lo dieran hecho, que me dijeran que había que hacer y ya está. Pero lo único que salió por mi boca fue “quiero irme a casa” o lo que para la gine fue lo mismo, Misoprostol.

Así pasé la noche, con sangre, con dolor, con analgésicos y llorando, así pasaron los días siguientes y no se cuando días pase durmiéndome mientras lloraba o llorando mientras me dormía, ya no lo recuerdo.

Después de muchos días y de darnos cuenta de que eso del aborto no es solo un fallo, una anomalía congénita del feto, ni todos esos términos que te aprendes. Que no se pasa solo con consecuencias físicas, si no que es un duelo, auténtico, el cual hay que pasar, al margen de la frustración de no saber tampoco exactamente que ha ocurrido. Al final reunimos fuerzas, como todo el mundo, para intentarlo de nuevo y esta vez con una premisa que antes no teníamos. La de contemplar la posibilidad de que podía quedarme y podía volver a fallar.

La segunda vez, cuando te aborda el miedo:

Y en un mes, estaba embarazada de nuevo y esta vez no corrí a contarlo. No empecé a guardar cada pequeño recuerdo de que estaba embarazada, ni a contar las semanas o apuntar la fecha probable de parto en ningún calendario. Y nos lo tomamos con mas calma. Casi, de nuevo, en el segundo trimestre, yendo todo bien, decidimos que era hora de contarlo y dejar salir la felicidad de un embarazo. No nos duró ni una semana, misma situación, leve sangrado, la gine cuestionando que fuera a urgencias por tan poco y al momento su cara de arrepentirse absolutamente de su actitud y yo buscando desesperadamente el parpadeo en la pantalla.

Esta vez no podía irme a casa, bueno en verdad si, pero tenia que volver al día siguiente, por tamaño tenía que ser legrado. El legrado es una situación totalmente diferente a usar el Misoprostol, como ya he dicho antes, ya os contare por que.

Quizá esta vez el duelo fue algo más leve, tampoco mucho, pero el miedo a un nuevo embarazo y que podría pasar, se incrementó. Así que pasaron muchos meses sin que lográramos el embarazo de nuevo. Supongo que por una mezcla de todo, a estas alturas yo no estaba anímicamente al 100% y además tenía la sensación de estar en un embarazo permanente. Una montaña rusa entre alegrarme y decepcionarme y muchos meses de estar físicamente regular, por que además de que los embarazos no habían sido maravillosos que digamos, la recuperación de los abortos menos y todo había ocurrido muy seguido, incluso muy seguido del embarazo del pirata.

La tercera vez, cuando todo pasa factura:

En esos meses me convertí en una especie de adicta a los tests de embarazo, los compraba por internet, me costaban poco dinero y hacerme uno (o varios) al mes me quitaba la ansiedad. No es que fuera una situación maravillosa, pero me tranquilizaba y no le hacía daño a nadie, ni a mi misma, al menos físicamente hablando.

Y en una de estas que estaba gastando mi arsenal de test salio un positivo, como de la nada, muy suave, se lo enseñe al padre y casi hicimos como si no pasara nada. Al día siguiente, ya no espero ni una semana, otra vez el sangrado. Fui al medico y como era muy pronto no se podía detectar si seguía vivo o no. Así que mandaron repetir el test a los 15 días para ver qué había pasado. Hicimos como si nada, como si fuera la regla y al final resultó ser un aborto químico. Lo más probable es que no se implantara bien.

A estas alturas mi cuerpo y mi mente ya no eran una montaña rusa que subía y bajaba, ya solo estaba abajo. Al ser el tercero me mandaron alguna prueba, aunque al ser ya madre, me pusieron muchas pegas.

Que ocurre después de un aborto (y después de 3…)

La primera prueba fue una endometriosis y me advirtieron que no podía buscar el embarazo en esos meses, por que era una prueba invasiva. Pero de todas formas tenía que esperar que me viniera una regla para que me citaran y esta no venia…y no venía… Estaba durando mucho el tema del aborto esta vez y yo ya había contenido al máximo mi manía de hacerme test a la primera de cambio. Además que no imaginaba que pudiera quedarme embarazada después de un aborto, sin tener ni una regla entre medias. Pero bueno, si llevaba meses haciéndome test de manera injustificada, por que no hacerlo ahora.

Y allí estaba, mi quinto embarazo y como no hay mal que 100 años dure, aquí sigue, 33 semanas después. No os voy a decir que no tenga aún un poco de miedo, por que mentiría, la diferencia es que ahora hay alguien que me recuerda que no debo tenerlo, con una patada, que si bien no es la manera mas ortodoxa, se agradece bastante…

El aborto no es el tema preferido de nadie, pero existe, está ahí y mantener el hecho de que sea una especie de tabú no favorece a nadie. Hay quien piensa que puede herir la sensibilidad de una embarazada tocar el tema. Aunque tampoco tenemos la piel tan fina, solo por estar embarazadas. Pero las madres y padres que pierden a sus bebes, también tienen sensibilidad y derecho a expresarse y por eso quería poner mi granito de arena.

Pero sobre todo, espero de corazón que compartir mi experiencia, sirva. A quien pueda estar pasando por una situación, en la que la concepción no este siendo todo lo maravillosa que esperaba. Para saber que esto ocurre en más ocasiones de las que pensamos, que tiene derecho a sentir duelo por la perdida, tiene derecho a sentir ganas de nuevo o no. Que puede volver a ilusionarse tanto como quiera y que lo mas probable es que al final todo salga bien, solo que nadie nos puede garantizar, cuanto esfuerzo va a costar.

Besos para todos, en especial para los que han sufrido un aborto, una muerte perinatal y en resumen todos aquellos para los que la maternidad/paternidad no ha sido o no está siendo un camino de rosas.

(Como sabéis el peque ya nació, pero esto lo escribí hace tiempo y quería dejarlo tal como lo sentí en el momento de hacerlo)